Los fantasmas
Abril 2023.
Malena intentó trepar algunos árboles del patio de las Higueras. Corrió por los senderos de piedra, y dejó escurrir entre sus manos el agua de la fuente del patio principal de la Estancia de los Jesuitas.
Observó desde las pequeñas ventanas de la planta alta, el patio de servicio, que se emplaza inmutable en el tiempo y regala un viaje instantáneo al pasado, a la imagen espectral de sus habitantes hacedores: indios, negros y Jesuitas. Hoy mi hija fundió en sus ojos de niñez esas imágenes de antaño con la perspectiva del futuro, de su legado de continuidad en este espacio del mundo, la estancia de Santa Catalina.
A plena siesta , cuando el sol dibujaba en el piso de tierra las sombras de las ramas de los árboles, de manera imperceptible, su abuelo paterno tomó su mano, corrieron por los pasillos del casco principal , le mostró los rincones donde él mismo jugara de niño, le contó los secretos del lugar, la abrazó en silencio y así como llegó, desapareció en un instante, subiendo por un haz de luz, por un rayo de sol entre las hojas del viejo Aguaribay.
Ya caída la tarde, la brisa suave que llegaba desde el tajamar empezó a agitar los fantasmas de la casa, que comenzaron a amontonarse en las sombras, en cada rincón donde la luz del día empezaba a retirarse.
Justo antes del anochecer comenzamos el viaje de regreso. Los portones de hierro se cerraron tras nuestro, rumbo a La Pampa y Ascochinga. A nuestras espaldas, escuchamos retumbar las campanas de la iglesia, como si el viento del final de la tarde las golpeara, o los fantasma de la noche con el tiempo mismo en materia las enlazara, para luego agitarlas, hacerlas estallar, y finalmente marcharse.
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